Lo que tiene que soportar un vegano

David Donaire | Opinión

La falta de respeto hacia el prójimo es un mal endémico del que adolece la sociedad moderna. En general, nos cuesta mucho tener consideración hacia unas ideas que no convergen con las nuestras. Ya sea política, deporte o el ámbito que sea, nuestra arrogancia nos impide con demasiada facilidad ponernos en la piel del otro e intentar entender por qué esa otra persona piensa de forma diferente a la nuestra. Más acentuado aún si tu filosofía es una minoría en comparación a los hábitos alimenticios que siguen la gran población mundial. Estoy hablando de las personas veganas, un colectivo que por elegir libremente una dieta diferente a la del resto se ve sometido a una continua discriminación, burlas y exclusión social.

No debe de ser fácil abrazar el veganismo. Está claro que cuando eliges rechazar unilateralmente el consumo de todo producto que provenga de un animal lo haces con conocimiento de causa y porque crees firmemente en ello. No solo porque vas a reducir de forma drástica las opciones a la hora de qué alimentos puedes tomar, sino, una vez más, por las consecuencias que pueden traer ese respetable modo de vida. Evidentemente el «qué dirán» no es un motivo por el que uno no decide ser vegano, pero, por desgracia, hay algunas personas que necesitan demostrar a través de acciones sus discrepancias hacia esa actitud.

Yo no soy vegano ni tengo la más remota de idea de lo que implica llevar ese estilo de vida, tanto a nivel social como personal. Es cierto que este colectivo es ciertamente susceptible a la hora de defender los derechos de los animales a capa y espada, pero otra cosa bien distinta es zaherirles por profesar ese rechazo a la explotación animal, lo cual están en todo su derecho de hacerlo. Del mismo modo que los veganos respetan -al menos una buena parte- a quien no le importa que se les haga sufrir a los animales, ¿por qué ciertos sectores de la sociedad no pueden tener en consideración su visión?  
Como era de esperar, ser vegano lleva aparejado una serie de rasgos que, según la opinión pública, lo caracterizan. Entre ellos, ser maniático, supersensible y un sentimental. E, incluso para los más radicales, unos «fascistas» por anteponer los derechos de los animales al de las propias personas. Interesados por la creación de este discurso antivegano, Matthew Cole y Karen Morgan monitorizaron durante 2007 el tratamiento que los medios británicos le concedían al veganismo. De esa semilla nació Vegafobia: discursos despectivos de veganismo y la reproducción de especismo en los periódicos de Reino Unido, un estudio en el que recogieron las principales resultados de esa exhaustiva investigación.

Una de las conclusiones más sorprendentes que obtuvieron es que los diarios británicos difamaban maliciosamente a los veganos.  Los trataban como unos excéntricos casi chiflados, unos bichos raros que se preocupaban demasiado por la salud y los tildaba de forma peyorativa  de «abrazaárboles».

Cole y Morgan clasificaron los artículos consultados en tres categorías, de acuerdo a la carga que ellos interpretaban que destilaba la noticia: positivos, neutrales y negativos. El siguiente dato refrenda la predominancia de esa connotación poco favorable a entender la causa vegana. Del total de las 397 piezas analizadas, 295 fueron categorizadas como negativas, 80 como neutrales y solo 22 rezumaban una imagen positiva. En esencia, más del 74% de los artículos hablaba mal de este singular colectivo.

Los dos periodistas constataron la existencia de cinco temas que se repetían dentro de las noticias con carga negativa. Cinco dimensiones a las cuales recurrían los periódicos para alimentar ese discurso de animadversión hacia los veganos. Estas consisten en:

Ridiculizar el veganismo, presentándolo como algo absurdo.

Entre las listas personales de avistamientos extraños de ovnis y las cafeterías para veganos… (The Guardian, 13 de enero de 2007)

Caracterizarlo como ascetismo. Presentaban a los veganos como «estrictos», «fervorosos», «acérrimos» y transmitían a los lectores que se necesita una extraordinaria voluntad y un gran sacrificio para abrazar esa filosofía de vida, dejando caer como si no valiese la pena hacerlo y fortalece la normalidad de la dieta del lector carnívoro.

No importa si te empieza a gustar el «rock’n roll» o si estás hecho polvo, la gente seguirá pensando que ser vegano es cosa de los budistas (The Times: The Knowledge3 de febrero de 2007)

Describirlo como un hábito prácticamente imposible de mantener y recordando los sabores a los que se tiene que renunciar.

Esta comida es adecuada para los veganos, aunque tú nunca descubrirás cuál es su sabor (The Guardian, 6 de abril de 2007)

A ella le gusta demasiado el queso como para convertirme en vegana (Daily Mail: Weekend, 24 de marzo de 2007)

Si me preguntaran que si cambiaría tener una dieta equilibrado de productos que puedo conseguir en mi supermercado local por profesar el culto a una dieta pasajera y fanática, prefiero ser un cerdo gordo (Daily Mail, 24 de mayo de 2007)

– A colación de la anterior, presentar el veganismo como una moda pasajera, que ni los famosos son capaces de seguir. Si las estrellas de Hollywood no se acostumbran a ser veganos, ¿qué esperanza tenemos el resto?

Liv Tyler fue vegana por amor cuando conoció a Joaquín Phoenix, pero volvió a la carne cuando la relación se echó a perder. (The Observer Food Monthly, 27 de junio de 2007)

– Y por último, asociar a los veganos con una hipersensibilidad sentimentaloide. Son retratados por ser de «piel fina» y ser demasiado «delicados» como para enfrentarse a la depredación de los animales en directo.

…estar más incómodo que un vegano en un matadero (The Guardian: Sport, 20 de julio de 2007)

Ellos lo van escupir como la ternera en una cena de veganos (The Sunday Times: Culture, 10 de junio de 2007)

Cole y Morgan sostienen que en las noticias estudiadas el veganismo es claramente menospreciado, mientras que se deshacen en elogios hacia el consumo de carne. Se llega incluso a decir a los lectores que solo las personas que comen productos cárnicos son verdaderos ejemplos de lo que no es ser tan sensible como una mujer. Casi nada.

Viendo el resultado de la investigación, si hasta la mayoría los medios, que en un principio deberían ser asépticos, se posicionan descaradamente a favor del consumo de carne y tratan de poner en evidencia a los veganos, mal vamos. Yo no comparto su postura, pero sí solicito un respeto y una consideración hacia su modo de vida. Porque ponerse en la piel del otro e intentar comprender su perspectiva, en lugar de denostar y rechazar a la ligera todo lo que no nos parece bien, a veces suele ser lo más saludable.

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