«A veces tengo la sensación de que minimizan la inteligencia de la población cubana»

Jose Luis Cervera Traver y Francesca De Cata | Investigación

Sergio López Rivero llegó a España en 1996, gracias a un convenio entre la Universidad de la Habana y la Universitat Jaume I (UJI). Se trasladó a la península en calidad de profesor de Historia y, cuando finalizó el periodo acordado durante el que debía impartir docencia, solicitó el asilo político. Desde entonces, está asentado en Castellón, y, aunque haya abandonando las aulas, no ha renunciado a la investigación, pues ha publicado diversos libros en los que reflexiona acerca de la historia reciente de su país natal: Cuba. En la presente entrada, plasmaremos las impresiones de López Rivero acerca de su lugar natal y de la cobertura que los medios de comunicación españoles le dedican.

Los medios de comunicación, como hemos denunciado a lo largo del blog,  desempeñan un papel muy importante en la modelaje de la opinión pública. Las personas que los dirigen deciden acerca de qué informar y acerca de qué no, pero, sobre todo, deciden cómo informar, es decir, determinan el enfoque que se le concederá a cada tema. De este modo, una noticia que podría abrir un telediario puede quedar relegada a un bloque de breves, y un acontecimiento que ocuparía la portada entera de un periódico de una ideología concreta, puede emplazarse en la página 22 de un diario con una línea editorial diferente.

Las informaciones emitidas en publicaciones españolas acerca del país caribeño suelen ser bastante críticas con los gobernantes de la isla. Titulares como «Cuba anuncia restricciones de viaje para médicos por las salidas masivas de la isla», «La democracia en Cuba no corre prisa» y «Los presos políticos olvidados de Cuba» adelantan que el contenido de estas piezas-pertenecientes a El Mundo, El País y ABC, respectivamente-no favorecerá la imagen de la república centroamericana. Existen diversos analistas que consideran que los medios de comunicación manipulan la realidad existente en algunos lugares del planeta cuyos sistemas difieren de la democracia neocapitalista extendida en Europa y Norteamérica.

Pascual Serrano DesinformaciónEntre ellos, se encuentra Pascual Serrano, autor de obras como Desinformación , donde dedica un capítulo entero a Cuba y otro a Venezuela, o Conjura contra Cuba, centrado exclusivamente en el territorio de los Castro. En los dos libros analiza el tratamiento que los medios de comunicación ejercen sobre la situación en Cuba, y explica que muchos ciudadanos creen que están bien informados al leer la prensa o ver los telediarios, pero afirma que «la realidad dista mucho de la imagen unívoca ofrecida por los medios». Respecto a estas reivindicaciones, el profesor López Rivero se muestra contundente:

-«Castro habla de representar al pueblo, pero en los años 80, cuando se dio la posibilidad, emigró casi un cuarto de millón de cubanos y ahora mismo se siguen yendo hasta a países que no gozan del mismo desarrollo que alcanzó Cuba antes de su llegada, en los 50. Una cosa es añadir a estos datos reales que Castro es caníbal, o que hay muertos por las calles; eso es manipulación. Decir que si estás en contra te arrastran por el suelo, es manipular, pero sí es cierto que los contrarios al sistema no tienen nada que hacer. Desde los que se oponen diariamente, como la organización Damas de Blanco, esposas de presos políticos que todos los domingos se manifiestan en una iglesia a favor de la libertad de estos presos, y todas las semanas son reprimidas».

-«Respecto al afán de manipulación contra Cuba y Venezuela, no considero que sea tan evidente. Si quisieran transmitir una mala imagen a toda costa, habrían dado mucho más bombo a las palabras de Diosdado Cabello-presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela-en las que dijo que a Rajoy le dio un puñetazo un chico a cuyo padre, probablemente, le habían quitado la casa y encarcelado, y que, seguramente, a este mismo lo iban a fusilar».

El historiador, en cambio, lamenta la ausencia de medios de comunicación libres en Cuba, algo insólito en el país, pues «ni siquiera durante la dictadura de Batista se suprimieron». Esta censura concuerda con el sistema totalitario implantado por Fidel Castro, según López Rivero. «Hasta que no haya elecciones, con partidos organizados que dispongan de locales, y acceso a la propaganda y a los medios, no habrá un cambio real en Cuba. Entonces, personas como yo podremos regresar y participar, e incluso los libros podrán circular y se discutirá. No se trata de tener la verdad absoluta, sino una visión diferente. De manera que aquí tiene cabida Pascual Serrano diciendo que el tema de Cuba y Venezuela están manipulados; si fuera al revés, ese libro no se publica en Cuba», sostiene el exprofesor de la Universidad de la Habana.

En relación con la difusión de los libros se encuentra otra de las muestras de la represión sufrida por López Rivero:

«Yo salí hacia España hace 20 años, y ninguno de mis 5 o 6 libros circula en Cuba, y son obras publicados por editoriales serias, e incluso por la Universidad de Valencia. En cualquier país normal se supone que un avance investigativo alcanzado por uno de sus compatriotas acerca de la historia del propio país, se recupera y se lleva para ser analizado y discutido por los estudiantes, pero eso en Cuba no funciona. Además, no solo no puedo estar allí, es que me eliminan de los registros bibliográficos; soy coautor de libros y citan al resto de autores, pero retiran mi nombre al mencionar el libro. Por eso considero que la manipulación que se hace de esa sociedad debe entrecomillarse».

TRASLADO A ESPAÑA

Como se ha apuntado anteriormente, el profesor López Rivero abandonó su patria-físicamente, porque nunca ha dejado de pensar en ella-hace 20 años. Cuando le ofrecieron trasladarse a Castellón por un periodo de tres meses, no se imaginaba que su experiencia transoceánica iba a prolongarse durante el resto de su vida. Pero las cosas se torcieron poco tiempo después.

Recuerdo que había un congreso en Washington al que iba a acudir con mis amigos historiadores, un grupo de intelectuales cubanos. Cuando EEUU nos concedió el visado, el Gobierno no nos dio el pasaporte-no lo teníamos en casa, se encontraba en la sede de una institución y te lo entregaban cuando ibas a salir-. Yo iba a participar en el congreso con una ponencia titulada La revolución cubana: Una nueva historia, así que me di cuenta de que no me dejaban marchar porque no querían que participara».

Universidad-de-la-habanaAnte tamaña prohibición, López Rivero no permaneció impasible y en un claustro universitario, delante de más de 300 profesores, solicitó la palabra y acusó a la dirección de la universidad de censura. En ese momento, el rector justificó su decisión alegando que no podía ir al Congreso porque debía centrarse en la preparación de las clases que debía impartir en la UJI, aunque su viaje estaba fijado para varios meses después.

-«Algunos compañeros, al salir, me dijeron que estaba liquidado. Al día siguiente, el Miami Herald publicó mis palabras. No sé cómo, pero lo hicieron. El decano me llamó ese mismo día y me dijo mira lo que salió aquí; yo dije que no había sido quien lo redactó. Me pidieron redactar una carta diciendo que es mentira, y yo respondí que no iba a hacerlo. Él se fue al despacho del rector. Yo esperé mi llegada a la UJI. Di los tres meses del curso y gestioné el asilo en España».

Aunque muchos de los cubanos no comparten la ideología dominante, son muy pocos los que se atreven a dar el paso que protagonizó López Rivero. El profesor se enorgullece de haber sido coherente con sus ideas, pues eso le permiten «mirar a los ojos a cualquiera».

-«El 80% de mis compañeros pensaban como yo, pero muy pocos dieron el paso que di yo. 20 años después, los que se quedaron, han seguido con el discurso oficial. Tal vez en la cocina de sus casas recuerden lo que decían antes, pero en sus clases, de cara a la galería, deben seguir la línea oficial. Ellos priorizaron dar clase en la universidad sobre sus principios».

A lo largo de su estancia en España, ha coleccionado distintas anécdotas, pero hay dos que merecen ser destacadas por encima del resto. La primera de ellas está relacionada con uno de las caras más reconocidas de la Revolución Cubana: Ernesto Guevara. Al profesor López Rivero le impactó sobremanera que el rostro de un asesino se utilizara como estandarte de la la libertad.

-«Che Guevara era un icono, sus camisetas y gorras se venden en los mercadillos. Esa seducción no la tienen otros personajes que han utilizado la violencia en España; se aplaude la guerrilla de Guevara, pero no la de los maquis. Seguramente, por la distancia, porque no corrió sangre española ni hay hijos ni nietos asesinados por Guevara en España».

La segunda de las ocurrencias surgió en una conversación espontánea que mantuvo con una mujer autóctona, de Castellón.

-«Una vez una señora me dijo que no entendía que hubiera cubanos opositores a Castro, contrarios a sus ideas, pues argumentaba que gracias a él los cubanos pudimos estudiar. Le repliqué con una pregunta: ¿A quién agradece usted haber podido estudiar: a Aznar o a Felipe González? Ella, sorprendida, esgrimió que se lo debía a su familia, por lo que yo formulé un nuevo interrogante: Entonces, ¿por qué yo debo agradecérselo a Castro? Fue mi familia, mis padres, quienes decidieron que yo estudiara y no trabajara. A veces tengo la sensación de que minimizan la capacidad de inteligencia y acción de la población cubana. Allí tenía que venir un hombre a enseñarnos todo, según dicen, pero trasladas el caso aquí y se ve totalmente diferente, creen que no deben nada a los políticos».

Esta concepción podría deberse a un planteamiento equívoco; mucha gente considera a Castro como el salvador del pueblo cubano por poner fin a la dictadura de Batista, pero esa misma gente parece obviar que esa dictadura tan solo duró seis años, y que antes hubo una democracia con una sociedad civil importante. Había un bloque de prensa que atacaba al Gobierno, e incluso persistió durante la época de Batista, a quien instaban a convocar elecciones, algo impensable con Castro. Así pues, el error consiste en pensar que todo lo anterior a Castro es dictadura, pues anteriormente hubo gobiernos legítimos; algunos fueron corruptos; otros, ineficientes, pero se celebraban elecciones en las que el pueblo podía decidir. Este es, sin duda, uno de los aspectos que López Rivero más envidia de España.

-«La población cubana tiene derecho a conocer distintos modelos de Cuba, que existan partidos políticos con planteamientos diferentes, y  así escoger lo que prefiera. Que sea como en España, donde gente como Pablo Iglesias ha sido capaz de recuperar el movimiento del 15M, que se supone que eran activistas ubicados fuera del sistema y sin representación a los que el propio sistema les ha dado la oportunidad de integrarse y participar, de pedir el voto al ciudadano. Y libremente participan en la televisión, aparecen en tertulias y periódicos; ¿por qué no puede pasar algo así en Cuba? El que piense, desde Europa o EEUU, que Cuba-por su gente, su población-es diferente, está menospreciando a la población cubana, pues está diciendo que no es capaz de decidir. ¿Qué país es capaz de sostener un partido único durante 60 años?».

De hecho, el profesor López Rivero lamenta la ausencia de libertad que le empujó a abandonar su país. Humanamente, fue una decisión muy complicada, pero a nivel ideológico lo tenía claro: él no tenía nada que ver con ellos. Y llegó un momento en el que debió sopesar y se percató de que no podía vivir allí, y, sobre todo, de que no quería arrepentirse del modo en el que condujo mi vida en el futuro.

He tomado la decisión de no regresar a Cuba hasta que sea un país libre. Hasta que yo pueda llegar a mi país, publicar, hablar libremente de su historia, no regresaré; probablemente, no pueda hacerlo nunca, pero por lo menos mantendré la conciencia tranquila».

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