El poder de la música

Jose Luis Cervera | Opinión

El próximo domingo Pablo Iglesias concurrirá a las elecciones generales como candidato a la presidencia por parte del partido Podemos. Por todos es conocido que esta formación persigue un mundo más ecuánime, en el que se reduzcan las diferencias que condicionan nuestros quehaceres diarios y, por ende, nuestras vidas. Soy consciente de que en el mundo de la política los estereotipos y las ideas preconcebidas desempeñan un papel muy importante; conceptos como «facha» o «rojo» se emplean como armas arrojadizas por parte de los reciarios que limitan el debate público y lo convierten en un intercambio de descalificaciones.

Del mismo modo, pese a que muchos no hayamos consultado los programas de los distintos partidos, somos capaces de asociar determinadas propuestas y reivindicaciones a cada una de estas organizaciones; de destacar cuáles son sus rasgos característicos.

Llegados a este punto, me gustaría plantearte, amigo lector, si consideras que Pablo Iglesias es un hombre comprometido con la lucha contra la violencia de género. Es muy posible que pienses que sí, y yo también lo hago, aunque me gustaría señalar una cuestión anecdótica.

Hace alrededor de un año, Iglesias ensalzó mediante estas palabras al que fue la voz de mi grupo musical favorito: Evaristo Páramos. Pese a que los integrantes de La Polla Records se separaron mucho tiempo atrás, el cantante siempre será recordado por encabezar una banda tan reivindicativa como polémica. Canciones como Cara al culo, Tan harto, El congreso de los ratones o La solución final evidencian el carácter antisistema de la banda a través de sus combativas letras.

Hasta aquí, todo correcto, pero, al bucear en la discografía del conjunto norteño, encontramos algún fragmento reprochable. Concretamente, en la canción Chica Yeye, que aborda la frustrante situación de un hombre que vive encorsetado en su monótona existencia, Evaristo canta lo siguiente:

(Respecto a su mujer) «Me pondré borracho y le pegaré; desahogaré mi frustración», 1:36.

Se trata de una clara vejación contra el género femenino. Sé que se trata de una ironía, de una crítica mordaz, pero la sátira no siempre es comprendida y bien interpretada por todo el mundo, por eso se corre un grave riesgo al apostar por ella y emplearla. No sé si Pablo Iglesias conocía esta canción, pero siempre tuve las ganas de contarle esta historia a alguien, por lo que aprovecho esta plataforma para hacerlo.

La canción Oveja negra-una de mis preferidas-, de Barricada, alberga un ejemplo similar. En este caso, la canción recrea el punto de vista de un policía racista, que ha detenido a una persona negra y decide maltratarla, abusar de ella y ejercer el poder que le otorga la sociedad de forma errónea.

Con frases como «Hacedle fotos, tomadle las huellas, miradle bien los dientes. Si se resiste, rompedle la cabeza, la rutina de siempre» (0:14) o «Cuando el negro es un hombre, es buen momento para el cazador. El blanco se pone nervioso y comienza a llenar el cargador» (1:12), Barricada pretende denunciar este tipo de prácticas, pero hay oyentes que las malinterpretan, como puede comprobarse si se consultan los comentarios que recoge el videoclip en Youtube.

En la misma línea se encuentran otras agrupaciones musicales que también se encuadraron dentro de la etiqueta del rock radical vasco, un movimiento revolucionario y muy significativo dentro de la historia musical española reciente.

Otra muestra curiosa reside en la composición El sudaca nos ataca, del vigués Siniestro total. En este caso, la canción recoge todos los estereotipos con los que se vinculaba a los sudamericanos en aquella época. Desde el Sendero Luminoso, los montoneros y los tupamaros, hasta el bigote de García Márquez, el Premio Nobel de Literatura que ganó en 1982 y el liqui liqui con el que acudió a la ceremonia. Desde mi punto de vista, carece de maldad, pero entiendo que haya sudamericanos que puedan sentirse ofendidos y ridiculizados.

Pero si hay una formación dentro del panorama español que no queda exenta de polémica, se trata del asturiano Ilegales. Su vocalista, Jorge Martínez, frecuentó los platós de programas nocturnos  tiempo atrás, y se caracterizaba por encarnar el personaje de tertuliano mamporrero. Canciones como Eres una puta atentan contra la dignidad de las mujeres, por mucho que el grupo se escude en que buscan generar controversia.

«Eres una puta, pero no lo bastante, tu boca huele como un escape de gas. Todo ese culo, lleno de peligros; vámonos al váter, haremos un guateque encima del retrete. El amor apesta, pero no lo bastante Mueves bien el culo cuando estás borracha (…)», 0:40.

Queda claro el ataque contra las personas del género opuesto al suyo, ofensa que queda reflejada en otras canciones, como las siguientes:

«Hablas con los maniquís de los escaparates, mentalmente parapléjica. Ya no hay citas de amor, tu cuerpo ha quedado sexualmente impracticable. Ayer te llamaban princesa; hoy, si es que alguien te llama, solo te llama loca», 2:32.

«Nos comimos su comida, nos bebimos su bebida, metimos mano a las chicas», 0:42.

«Se ha muerto mi mánager borracho en un burdel. ¿Quién nos pagará las drogas y el hotel? Su mujer y los niños, ¿quién los mantendrá? Esos niños no irán nunca a la universidad», 1:14.

Es evidente que la carga contra las mujeres es un práctica recurrente para los músicos liderados por Jorge Ilegal, que arremeten contra ellas con mayor frecuencia de la deseada-que es cero, por supuesto-.

A modo de conclusión, me gustaría apuntar que las industrias culturales desempeñan un papel muy importante en la configuración del discurso mediático. Sin que nos demos cuenta, nos imponen cómo debemos vivir, pensar y actuar; a qué debemos aspirar; qué está bien y qué está mal. Por eso es muy importante ser consciente de que los artistas-en este caso, los músicos-asumen una responsabilidad muy importante al componer y elaborar sus producciones, pues, del mismo modo que sucede con los medios de comunicación, tienen en sus manos la posibilidad de moldear la mente de las personas que integran la sociedad. De este modo, canciones como las de Ilegales, que pueden ser consideradas ácidas o mordaces por parte de sus seguidores, deberían evaluarse y escucharse con mucha visión y perspectiva, conscientes de que no representan, ni mucho menos, la realidad. El riesgo reside en el porcentaje del público que carezca de mentalidad crítica e, incluso de forma involuntaria, asuma estos mensajes como verídicos, correctos y adecuados.

 

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