«Anka: violencia, acoso y muerte»

Jose Luis Cervera | Análisis

La pieza seleccionada para efectuar el segundo análisis es una noticia publicada en la versión digital de El Mundo, el pasado 7 de julio. La pieza, titulada «Anka: violencia, acoso y muerte», notifica acerca del asesinato de una mujer por parte de su exnovio. A continuación, se profundizará en aspectos como el tratamiento de la información, el léxico seleccionado y la construcción del discurso, para establecer si el producto estudiado se ajusta a lo que dictan los manuales o, por el contrario, constituye un ejemplo de mala práctica periodística.

AnkaAntes de acometer el análisis, resulta indispensable dedicar unas líneas al contexto en el que se enmarca. La violencia machista es una de las principales menguas de España. Los años pasan, pero algunos hombres no evolucionan y siguen matando mujeres. Durante el año 2015, 48 mujeres han sido asesinadas por hombres en territorio español-a falta de cuatro casos que todavía deben esclarecerse-; en 2014, fueron 54 los feminicidios registrados, por lo que, al comparar las cifras, no se aprecia un progreso. Salta a la vista que se trata de un importante problema que debe ser solucionado, y los medios de comunicación cuentan con un papel muy importante, pues, en su labor de servicio público, pueden ayudar a concienciar a la sociedad de la gravedad de la situación. Por ello, es importante monitorizar su actividad y verificar si el tratamiento que otorgan a este tipo de informaciones es el adecuado.

La primera irregularidad reside en el titular. El Col·legi de Periodistes de Catalunya (CPC) y el Consell Audiovisual de Catalunya (CAC) recomiendan «evitar el sensacionalismo y el dramatismo, tanto en lo que respecta a la forma como al contenido de las informaciones sobre violencia machista», y salta a la vista que el título de esta noticia pretende utilizar el asesinato de una mujer para impactar al lector y captar su atención. Esta tendencia se repite a lo largo del texto, con oraciones como «Había salido, hacía apenas medio año, de una relación que le había dejado algo más que el corazón roto», «Pero el pasado no la dejaba escapar tan fácilmente» y «la rumana no quería, ni debía, mirar atrás».

El CPC y el CAC también aconsejan «evitar las descripciones detalladas, escabrosas o impactantes», por lo que el redactor de la noticia, Alberto Muñoz, no debería haber incluido en el artículo que «el agresor logró su objetivo al degollarla y dejarle el cuchillo clavado en el cuello». El manual de la redacción de Público para elaborar noticias relacionadas con la violencia de género  refuerza esta postura, pues apunta que la violencia masculina contra las mujeres no debe considerarse un suceso cualquiera; así pues, los redactores de este diario se comprometen a « buscar “tratamientos informativos diferentes” sin confundir jamás el morbo con el interés social».

Anka IIEl bloque de titulares alberga, además, otros dos grandes errores. Resulta especialmente flagrante la inclusión del nombre de pila de la víctima en el titular, que, para mayor escarnio aparece junto al apellido en la entradilla de la noticia: «Con tan sólo 22 años, Anka Ylly (…)». Muñoz no debería haber plasmado el nombre de la mujer asesinada, pues, como señala Público, debe preservarse la identidad de la víctima. Además, también aparece una fotografía del asesino y la mujer asesinada juntos, en actitud cariñosa, hecho que puede restar dramatismo al crimen e, incluso, puede despertar cierta empatía por parte del público hacia el agresor.

El segundo de los subtítulos, a su vez, es reprochable porque especula con los supuestos motivos del crimen cometido- «Cortó con él hace seis meses y estaba iniciando una relación con otro hombre»-y, en cierto modo, puede considerarse una justificación implícita del asesinato. Esta posible legitimación de la barbarie se repite a lo largo de la pieza, cuando el redactor apunta que «mantenía una relación con otro hombre, lo que pudo incrementar la situación de maltrato». Los redactores de Público se muestran certeros al señalar que no deben vaticinarse supuestos causas, pues «buscar motivos a la actuación del agresor equivale a justificar su actuación criminal». Radio Televisión Española (RTVE) cuenta con un manual de estilo, en el que incorpora un apartado sobre el tratamiento de la violencia machista. Los periodistas de RTVE consideran que «utilizar adjetivos como “celoso” o “bebedor” para definir al agresor nos acercan a la exculpación», y apuestan por evitar adjetivos, frases hechas y tópicos que puedan introducir dosis de frivolidad y banalización.

El CPC y el CAC indica otra pauta que el autor de la noticia no cumplió al elaborarla. Se trata de la mención de la nacionalidad de las personas implicadas-Muñoz destaca en el texto que «la violencia vino importada desde el país de origen de ambos, Rumanía»-, pues, según los organismos citados, «es contraproducente sesgar la incidencia de los casos de violencia machista hacia grupos sociales concretos, orígenes culturales y circunstancias determinadas, ya que se trata de un fenómeno universal y cultural».

En cambio, según las directrices trazadas por el CPC y el CAC, el periodista acierta al mencionar un tipo de violencia que en ocasiones no dispone de tanta importancia en los medios, la violencia económica: «Hacer visible la violencia machista que opera de forma más enterrada y que cuesta más de reconocer: (…) la violencia económica (…) y sus efectos devastadores sobre las mujeres y sus hijas e hijos». De este modo, Muñoz destaca que «la joven obtuvo dinero suficiente para poder independizarse económicamente y reunir el valor para terminar con todo».

Desde Público, se recomienda evitar la rumorología y priorizar las fuentes policiales. La pieza analizada tampoco cumple este precepto, pues, pese a hacer referencia a las fuerzas de seguridad-«según fuentes policiales»-, también incluye elucubraciones, manifestaciones poco precisas de una amiga de la víctima que vaticina que esta cambió su foto de portada de Facebook presionada por su agresor: «Conociéndola a ella, y la situación por la que estaba pasando, está claro que fue coaccionada por él, para que todo el mundo supiera que ella volvía a ser suya». Este tipo de testimonios tan solo alimentan la charlatanería, y no tienen cabida en una noticia sobre un asunto tan serio.

Esta noticia confirma la tendencia apuntada por la investigadora Inmaculada Usó en 2005, cuando elaboró el informe La violencia de género en los medios: Propuestas para una revisión de las representaciones. Usó destacó, por un lado, que la mayoría de noticias sobre la violencia sexista se centran en mujeres maltratadas que han muerto, y que muy pocas hacen referencia a mujeres vivas; además, añadió que «se hace mucho hincapié en el recuento de los resultados mortales, en la cifra específica, más que en la raíz profunda del problema». Aun así, considero que la inclusión de los datos es muy adecuada, pues se trata de un contexto que permite al lector conocer la magnitud del problema, aunque no bucee en las causas. Sin embargo, el empleo de frases como «Se une así a las otras 16 mujeres fallecidas», puede producir un «efecto narcotizante» en los lectores y, a su vez, reducir la concepción de la violencia masculina contra las mujeres como una grave lacra que debe ser perseguida, combatida y erradicada.

En otro orden de cosas, como apunta el manual de Público, la pieza debería incluir el teléfono gratuito para denunciar malos tratos-016-, así como cualquier otra información que pueda resultar útil para mujeres maltratadas.

Tras completar el análisis de la pieza, puede concluirse que El Mundo debería cuidar más sus publicaciones, pues el periódico dirigido por David Jiménez comete faltas imperdonables al cubrir una temática tan delicada como lo es la violencia de género. Los medios de comunicación, como se ha apuntado al iniciar el análisis, deben ayudar a la sociedad a crecer y mejorar, y, con publicaciones de esta índole, El Mundo se aleja de este cometido.

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