The Wire, una obra maestra que refleja la realidad del ghetto

Débora Galindo | Opinión

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Uno de los barrios pobres de Baltimore.

Aunque terminó su emisión el 9 de marzo de 2008, la deslumbrante serie creada por David Simon parece resurgir de sus cenizas en cada esquina de esta estereotipada sociedad. The Wire trata con una profunda carga realista ese problemático y oscuro mundo que se esconde tras las esquinas de Baltimore (Maryland). Cinco temporadas desconcertantes al inicio de cada una de ellas por la poca relación que guardan entre las que las preceden, pero cinco temporadas con un mensaje único: la crítica social del sistema imperfecto en el que estamos inmersos. El narcotráfico, la corrupción y los sindicatos, la política, las escuelas públicas y el periodismo son analizados con ritmo lánguido, a través de periodistas, políticos, traficantes, policías y maestros. Todos sumidos en una realidad en la que “todas las piezas importan” (Lester Freamon).

En una ciudad repleta de miseria y marginación como lo es Baltimor, situada, en términos de desigualdad, en la duodécima posición entre las 50 grandes ciudades de Estados Unidos y con un índice de pobreza del 24%, policías y “negratas” cobran un papel protagonista en esta obra maestra. Sin embargo, en este caso nos centraremos en este segundo colectivo y cómo David Simon ha sabido recrear a la perfección los aspectos más destacados del ghetto.

Si por algo se caracteriza esta mítica serie es porque The Wire es un fiel reflejo de la división entre clases que, en este caso, se divide en dos: el ghetto, caracterizado por la delincuencia y el narcotráfico, y las “personas normales”. Aunque las diferencias entre un mundo y otro parecen abismales, en la realidad todo son víctimas de una sociedad putrefacta. Sin embargo, la manera en la que se presenta al ghetto es mucho más miserable e, incluso, esta distinción se observa en el lenguaje callejero y barriobajero que se les atribuye a los miembros del ghetto. Así pues, uno de los retos más destacados de la serie es presentarnos el sin fin de personajes y el entorno social en el que se mueven.

La ciudad de Baltimore, situada en el estado de Maryland (Estados Unidos), presenta un elevado índice de delincuencia, marginación y pobreza. En Baltimore se producen más de trescientos asesinatos al año y este hecho no queda relegado en ningún momento a un segundo plano. En la serie son cientos los cadáveres los que aparecen en las calles de esta ciudad americana y, en repetidas ocasiones, las muertes son causadas por peleas entre bandas callejeras que están metidas en el negocio de las drogas.

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Los chicos de Barksdale buscan bulla

Las bandas y las drogas están muy presentes en esta serie e, incluso, se sitúan en los puntos más habitados por la marginalidad. La raza negra copa todas estas bandas e, incluso, los grandes reyes de las esquinas son “negratos”, todos ellos criados en zonas marginales o, como bien sabemos los que hemos visto esta histórica serie, en la casas baratas. Además, la indumentaria que caracteriza a estos reyes de las esquinas nos remite a una cultura y un origen. Un ejemplo del típico gangsta con aire chulescos y ropa rapera es Avon Barksdale, quien representa la viva imagen del jefe de la pandilla. Barksdale se rige por las normas de la calle y tiene un gran afecto por lo que significa ‘dar tu palabra’, es decir, está arraigado a los valores de la vieja escuela que caracterizan al ghetto.

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A la izquierda, vemos a uno de los jefes de la pandilla: Avon Barksdale.

Si continuamos hablando de personajes clave, también encontramos a Stringer Bell. Otro de los grandes capos del negocio, quien se mete en el negocio inmobiliario para salir del ghetto. Sin embargo, en el mundo de los ciudadanos “normales”, ese hombre erguido y esbelto que domina el barrio queda relegado a un segundo plano ante los grandes ejecutivos de la zona céntrica de Baltimore. Así pues, la serie nos muestra como el sistema en el que vivimos rechaza plenamente a un “negro” como Bell.

El rechazo social hacia las personas de color se acentúa en la cuarta temporada, donde la escuela pública de la peor parte de Baltimore pasa a ser la protagonista. Los niños del ghetto tratan de sobrevivir en un entorno que no parece ser el apropiado para ellos e, incluso, los profesores son conscientes de ello. En este sentido, encontramos a Presbylewski, un ex policía que intenta rescatar a sus alumnos y orientarlos hacia un futuro decente, ya que se encuentran en un momento decisivo en su vida: se debaten entra los estudios y labrarse un futuro o quedarse en el ghetto trapicheando con drogas por las esquinas de Baltimore. ¿La elección de la gran mayoría? El dinero fácil en las esquinas aun sabiendo de primera mano que pueden morir o acabar en la cárcel en cualquier momento.

Así pues, The Wire es un retrato de la delincuencia y la pobreza en la que están sumidos los “negros”, que viven en los barrios más marginados de la ciudad de Baltimore. Unos barrios en los que el peligro acecha en cada esquina y que, además, dan la sensación de que si algún día vas de visita mejor que sea de día y que cojas tu propio coche para salir a toda prisa de allí cuando se acerque uno de esos “negros” villanos que rondan por la ciudad. Esta realidad queda reflejada incluso en Hamsterdam, el experimento social que llevan a cabo algunos policías para reducir la criminalidad, ya que deciden tolerar el tráfico de droga. Así pues, las calles de Hamsterdam parecer pertenecer a otro mundo, donde la decadencia es lo más llamativo.

Por si fuese poco el realismo que desprende la obra maestra de David Simon, cabe destacar que muchas historias de los personajes fueron inspiradas en hechos reales o, incluso, algunos de ellos eran antiguos criminales reales como es el caso de Snoop (Felicia Pearson), quien en la vida real había estado en la cárcel por asesinato. En la serie no podía ser menos. Snoop, junto a su inseparable compañero de “aventuras”, es la encargada de hacer el trabajo sucio de Marlo Stanfield, rival de Barkslade.

El personaje de Omar Little, uno de los más entrañables de la serie, también fue inspirado en un criminal del Estado de Maryland que comenzó a delinquir y a robar a traficantes a punta de pistola en la adolescencia. Omar no iba a ser menos. Omar Little es el Robin Hood de las esquinas; ese homosexual solitario inspirado en un personaje de la vida real que sólo
roba y amenaza a los que “están en el juego” con su escopeta; ese llanero solitario que ilumina la pantalla cada vez que aparece, y ese “negro” con la cara marcada que infunda terror con tan solo mencionar su nombre o oír su peculiar silbido.

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Omar Little, un personaje inspirado en un criminal real. 

Por lo tanto, después del realismo que se refleja en la serie de David Simon, ¿qué podemos decir que es Baltimore? Una ciudad infestada de “negros” criminales que viven en los barrios más marginales y sin oportunidad alguna en el mundo de los ciudadanos “normales”. En definitiva, el culo del mundo.

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