¿Pan de Dios o pandemonio?

Jose Luis Cervera | Opinión

Una semana después de la masacre acaecida en París, me gustaría reflexionar acerca de la sociedad occidental y su reacción ante tan luctuoso suceso. En primer lugar, quiero dejar claro que me solidarizo con el dolor de todos los que han sufrido por culpa de los bárbaros que perpetraron la matanza en la capital francesa. Admito, además, que me espeluznó más de lo que me impactan otros acontecimientos de esta índole. Supongo que se debe a que me identifico más con los franceses o que, aunque suene frío, no estoy acostumbrado a que se desarrollen tan trágicos hechos en un país vecino-y occidental-.

prayforparis-facebook
Occidente se ha solidarizado con el drama francés. || Fuente: http://www.correttainformazione.it/

 

Aunque, si me paro a pensar, tal vez no sea todo culpa mía. Por supuesto, soy consciente de que cada ser humano tiene derecho a vivir; no creo en supremacismos raciales, ni comparto la idea de que haya ciudadanos de primera, otros de segunda y también de tercera. Respeto a cada persona, con independencia de su procedencia, su religión y su etnia, del mismo modo que tampoco discrimino a nadie en función de sus gustos musicales, la frecuencia con la que practica deporte o su equipo de fútbol favorito. Así pues, quizá el problema no lo haya provocado yo, sino el mundo en el que he crecido. Se trata de una sociedad antropocentrista, la más antropocentrista que ha existido jamás, que ya no considera que las personas seamos el ombligo del mundo, sino más bien que somos sus absolutos dominadores, y podemos hacer en él-y con él-lo que nos plazca. Por supuesto, esto no sucede en todos los puntos del orbe, sino que se limita a determinados lugares de la esfera terrestre. Me refiero al comúnmente denominado Occidente.

Bien, yo me he criado en España. No se trata de una potencia mundial de primera línea, y, si nos atenemos a la estricta definición de la RAE, tampoco podemos presumir de contar con un estado de bienestar, pues los recortes han caracterizado nuestra actividad política desde un tiempo a esta parte. A pesar de ello, mi país queda englobado dentro de Occidente. Un Occidente, repito, antropocentrista. Un Occidente que no ve más allá de sus narices. Un Occidente hipócrita que ha olvidado los pilares sobre los que se cimentó-libertad, igualdad, fraternidad-. Un Occidente chovinista, que aísla, condena y discrimina todo aquello que no considera como propio.

Una muestra clara de mi postura reside en el tratamiento informativo que los medios españoles han otorgado al atentado yihadista del que hablaba al comenzar el artículo. A pesar de su paupérrima reacción-tan solo un canal de televisión interrumpió su programación para informar en directo de lo que estaba ocurriendo-, la materia en cuestión ha contado con un lugar privilegiado en las páginas de los periódicos y en las escaletas de los programas radiotelevisivos durante toda la semana. Ha disfrutado, así, de un espacio mediático que se le niega a otras barbaries de carácter similar. Es impensable que un atentado en Irak acceda al mismo número de minutos en los telediarios que le han sido concedidos al crimen de París y, como consecuencia de ello, es muy difícil que nos impacte del mismo modo un ataque terrorista en una capital occidental que un bombardeo en un país de Oriente Medio. Me atrevería a afirmar que a gran parte de la sociedad española le conmueven más 130 muertos en París que 1.300 en Siria, pero ¿cómo no va a ser así, si nos educan en la ignorancia del resto del mundo?

Bandera Francia FacebookLa gente se pone banderas de Francia en Facebook, sí, pero porque Facebook-paradigma de la filosofía de vida occidental-se la facilita. Recordemos que hace medio año, fue la bandera arcoíris la que inundó la red social de Mark Zuckerberg, como muestra de apoyo al colectivo homosexual. Probablemente, si Facebook facilitara la posibilidad de incorporar la bandera de Nigeria tras cada atentado perpetrado por Boko Haram, muchos de sus usuarios lo harían, pero la realidad es que carecen de la iniciativa necesaria para emprender la tarea por sí mismos. La excepción la constituyen aquellos que han reaccionado a la bandera de Francia colocando enseñas de otros países que han sufrido recientemente, como Siria o el Líbano, sin darse cuenta de que son muchos más los pueblos que padecen; su acción es, para mí, un conato de reivindicación reducido a pataleta.

En otro orden de cosas, me gustaría señalar uno de los grandes generadores de la desigualdad imperante: el hedonismo. Estimo que esta corriente de vida en la que la sociedad occidental se ha instalado lo minimiza todo. La mayoría de los occidentales apostamos por la vida cómoda, y aparcamos la lucha, la reivindicación y la búsqueda de un mundo más justo porque preferimos quedarnos en el sofá. Y resulta que desde nuestros cómodos tresillos, la única vía de acción que contemplamos es la cibernética-o ciberactivismo-. Por lo tanto, creemos que al degradar en tricolor nuestra imagen de perfil de Facebook, compartir un par de publicaciones en las que aparece un híbrido entre la Torre Eiffel y el símbolo de la paz mundial y tuitear frases reflexivas-pero vacías de contenido-con un hastag concreto, repito, al hacer esto, creemos que ya hemos cumplido. Ese es el verdadero triunfo de los que nos dominan-porque vivimos dominados, que nadie os engañe-, habernos convertido en una sumisa masa borreguil. Por supuesto, asumo que tenemos parte de la culpa, pues existen infinidad de medios para obtener información y contrastar-o cuestionar-las versiones oficiales, pero, a causa de la comodidad en la que nos hemos instalado, preferimos que sea otro el que filtre esos contenidos y nos los entregue procesado. A este respecto, me gustaría rescatar un breve texto publicado en Facebook por una amiga a la que admiro y respeto mucho:

«Esa necesidad de matizar constantemente que todos los musulmanes no son terroristas sólo la tienen los bocachanclas que aún no saben que en Siria hay una guerra donde los musulmanes combaten a los terroristas desde hace más de cuatro años. Perogrulladas».

Estas palabras se erigen como una crítica contra todos aquellos que esta semana se muestran afectados por los atentados de París, y defienden los valores de igualdad y tolerancia pero, a su vez, han ignorado el conflicto sirio desde su origen hasta hace apenas siete días. Y, por desgracia, el número de personas que encajan en este perfil es elevado.

Llegados a este punto, no puedo sino manifestar mi más rotunda repulsa hacia el sistema comunicativo español. Anhelo una profunda renovación del panorama mediático, porque creo que nos merecemos saber más y mejor. Muchos de los pesos pesados de la industria renunciaron a su vocación de servicio público-si es que algún día la tuvieron-hace tiempo, y cuesta encontrar entre los productos que distribuyen o emiten, una pieza de calidad. Hace pocas semanas, se volvió viral un sencillo vídeo en el que se explicaba de forma simple el conflicto de Siria; Al-Yazira publicó, con motivo de la delicada situación en la que nos encontramos, un brillante reportaje multimedia en el que explican el origen de la problemática yihadista. Son dos muestras de que hacer buen periodismo no es complicado, y, si los grandes medios españoles-extensible a la mayoría de los occidentales-apostaran por la elaboración de informaciones de este tipo, la gente abriría los ojos y se percataría de cuáles son las raíces del conflicto. Aunque debo plantear la hipótesis de que a los dueños de los grandes grupos de comunicación quizá no les convenga una corriente de empatía y solidaridad, por eso prefieren difundir mensajes que, de forma explícita o implícita, transmiten odio, rechazo y miedo. Al fin y al cabo, es la mejor forma de mantener la desigualdad en el mundo; por eso los medios no actúan como un pan de Dios, y solo generan pandemonio.

 

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