El androcentrismo en las series de dibujos animados

David Donaire | Opinión

«No me gustan esas esposas intelectualoides. Me gustan como tú, bonitas e inútiles»

«Cuando un hombre contrae matrimonio, se supone que él debe trabajar y la mujer, quedarse en casa a no hacer nada»

Comúnmente siempre le hemos atribuido a las series de dibujos animados la facultad de modelar la opinión de los más jóvenes. Existen personajes con los que los más pequeños (o a veces no tan párvulos) se identifican, se ríen e incluso, en última instancia, toman como modelo a seguir. Pasamos tantas horas expuestos a sus aventuras y desventuras que a la larga, sobre todo los más jóvenes, es probable que tiendan a mimetizar sus comportamientos y atributos, y a incorporarlos a su vida cotidiana. Si hablamos de una serie educativa, responsable y comprometida con el lenguaje y los estereotipos que evoca, no pasa nada. El problema surge cuando aludimos a dibujos animados que se caracterizan más bien por la construcción de roles que alimentan la desigualdad y parte de su éxito se fundamenta en la acentuación de esos valores poco ecuánimes.

Hoy en día, muchas series de animación asentadas en nuestra parrilla televisiva exhiben en sus mensajes un sexismo ciertamente ponzoñoso. Por desgracia, la sobreexposición a este tipo de discursos ha hecho que tengamos ya totalmente asimilada y arraigada esa preocupante ausencia de paridad. No nos extrañamos si vemos esa manida estampa en el que el hombre llega a casa de trabajar y espera impaciente a que la mujer –ama de casa- le traiga preparada la comida a la mesa. No nos chirría, porque lo interiorizamos como algo habitual. Estamos muy familiarizados con ello. Y la asunción de esos modelos como algo «correcto» entraña un alto riesgo para los más pequeños.

En este vídeo de poco más de un minuto y medio de duración se observa cómo series de dibujos animados que todos habremos visto durante nuestra infancia (y no tan infancia) manifiestan un cariz machista que en algunas ocasiones roza lo grosero.

Como se aprecia en esta recopilación de gags, Los Picapiedra, Los Simpson, Futurama, American Dad o Padre de Familia son series que hacen gala de una discriminación hacia la figura de la mujer realmente desmesurada. Entiendo que el objetivo de la mayoría de estas producciones es satirizar y caricaturizar la sociedad patriarcal norteamericana y, para ello, hiperbolizan en esta estigmatización con el propósito de denunciar esos roles tan arcaicos. Sin embargo, para las mentes más absorbentes que no son capaces de discernir de forma autónoma, estos contenidos son del todo perniciosos y torticeros.

Concienciada por esta aparente «supremacía varonil» en los dibujos animados, la doctora en Comunicación de la Universidad de Sevilla Inmaculada Sánchez-Labella Martín elaboró un informe donde trató de demostrar empíricamente este desequilibrio de género. Tomando como base la realización de una encuesta a más de 1.250 niños en la que se les preguntaba su opinión sobre los valores que desprendían algunas de las series de animación mencionadas anteriormente, el estudio Construcción del personaje femenino en la narración infantil corrobora que el androcentrismo aún sigue estando muy presente en la programación dedicada a los más pequeños. El elevado porcentaje de representación de los hombres como personajes principales –casi el 70% de las series analizadas- y el desempeño nada equitativo de acciones llevadas a cabo por los protagonistas – el 80% en el caso de la televisión española- muestran «una mujer animada que arrastra consigo un concepto de feminidad caduco». Tan solo títulos como Las Tres Mellizas o Asha manifiestan ese deseo de erradicar la estereotipia de personajes y narrar relatos en igualdad de género. En todas las demás, el personaje principal es masculino y se proyecta una imagen de la mujer deforme y, a veces, grotesca.

Reseñable es, especialmente, el caso de la serie de animación japonesa Shin Chan, cuyos mensajes movilizaron al profesor Francisco Javier Fernández Obregón a redactar un artículo científico en torno a esta controvertida producción. En su estudio Shin Chan, un compendio de contravalores asistimos a un análisis desmenuzado de los aspectos en los que esta serie de crítica social representa una familia totalmente impregnada de estereotipos sexistas. La obra originaria de Yoshito Usui nos presenta a Shinnosuke Nohara, popularmente conocido como Shin Chan, un niño díscolo, irreverente y desconsiderado, que asiduamente se refiere a su madre como «el monstruo del culo gordo». Misae, su progenitora, es un personaje claramente estereotipado: ama de casa resignada, amargada, histérica, gritona y obsesionada por las rebajas y los cosméticos. El padre de la familia, Hiroshi, un marido dipsómano y mujeriego que, aunque está casado, no se corta en mirar de forma pervertida todas las chicas de su alrededor, calificándolas según su atractivo sexual. Y qué decir de Himawari, un bebé que, pese a su corta edad, ya manifiesta una clara devoción por las joyas.

Lo que viene a decir el profesor Fernández en su estudio es que una serie con un contenido tan nocivo para los niños como esta no puede emitirse en un horario infantil, como ya han denunciado muchos padres y docentes. Para justificar su postura, el experto argumenta el no cumplimiento de una ley que vela por la protección del derecho de los menores. Así, la Ley 22/1999, de 7 de junio, que establece en su artículo 17 que…

«las emisiones de televisión no incluirán programas ni escenas o mensajes de cualquier tipo que puedan perjudicar seriamente el desarrollo físico, mental o moral de los menores, ni programas que fomenten el odio, el desprecio o la discriminación por motivos de nacimiento, raza, sexo, religión, nacionalidad, opinión o cualquier otra circunstancia personal o social»

Por tanto, «sería recomendable evitar su emisión en horarios en los que, objetivamente, hay niños frente al televisor e incluir previamente a la emisión algún tipo de advertencia sobre su contenido por medios acústicos u ópticos, de forma que se posibilite a los padres una información que les permita obrar en consecuencia».

Un grupo de investigadores del departamento de Dibujo de la Universidad de Granada (UGR) va más allá y han llevado a cabo la investigación más ambiciosa sobre series de dibujos animados que se ha realizado en España hasta la fecha. En Análisis de los dibujos animados emitidos en televisión: personajes, estilos y mensajes, la profesora de Audiovisuales e Ilustración Concha Alonso Valdivieso y el doctor en Bellas Artes Jesus Pertíñez López profundizan exhaustivamente en los más de 600 personajes que aparecen en 136 series de animación estudiadas y que se emiten en nuestra parrilla televisiva.

Tal y como sucedía en el caso particular de Shin Chan, el análisis hace hincapié en la práctica extendida de las series de no presentar al público una calificación por edades, tal como establece la Ley General de Comunicación Audiovisual. Sobre todo relevante en aquellas creaciones que son destinadas a un público adulto y se emiten en horario de protección infantil, donde no deben mostrarse comportamientos sexistas ni violentos. Para ejemplificar estas actitudes, se menciona de nuevo a Padre de Familia y Los Simpson, protagonistas masculinos holgazanes y alcohólicos que utilizan a sus mujeres como objeto, relegadas al cuidado de la familia y del hogar.

mojo

Pero el apunte más suculento lo encontramos en el bloque de conclusiones, donde una comparación entre los personajes masculinos y femeninos analizados da buena cuenta de la hegemonía de los hombres. Un dato sirve para ilustrar esa tendencia. Por cada personaje femenino de las series de dibujos animados existen dos masculinos. Solo el 33,6% de los personajes son chicas y su papel suele reducirse a ser la madre, la novia o la acompañante del protagonista –mayoritariamente masculino-.

Además de ese sempiterno rol secundario, el análisis muestra que la gran mayoría de los personajes femeninos están asociados a estereotipos negativos: son mujeres consumistas, presuntuosas, superficiales, celosas y enormemente preocupadas por su aspecto físico y agradar a los demás. En cambio, los hombres son representados como personajes inteligentes, hábiles y que saben desenvolverse en situaciones extremas.

Esa fuerte contraposición de valores proyectados en el binomio hombre vs mujer nos tiene que hacer reflexionar. La concentración de rasgos y atributos en un estereotipo es una práctica muy recurrente y, como vemos, exitosa, pero que, si no se acota como corresponde, comporta un gran peligro para los más jóvenes. Y ese acotamiento tendría que venir precedido por una emisión regida de forma masiva por una calificación por edades o tratar de retirar esas series diseñadas para adultos fuera del horario infantil, como tan acostumbrados estamos a ver.

La televisión es un potente vehículo socializador que no debe ser tomado a la ligera. Muchas veces pensamos que, al tratarse de series de dibujos animados, dejamos a los niños en buenas manos, ya que su contenido es inofensivo. Y en cierta parte encomendamos a estas series la función de cuidar y entretener a los más pequeños, sin atenernos al mensaje que pueden transmitir a sus mentes, que aún no son capaces de diferenciar entre ficción y realidad. Y es que, tal como coinciden todos los estudios citados, el androcentrismo es una tendencia que aún pervive en los dibujos animados. Una tendencia nociva que debería ser paliada y subsanada. De esta forma, actualizo el diagnóstico al que llegan Ofa Bezunartea, María del Mar García y Ana Rodríguez en su estudio La mujer como cargo y como fuente en la escrita. La paridad no llega a las noticias: «los medios de comunicación -y también las series de dibujos animados- exhiben un mundo desproporcionadamente masculinizado».

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